12 marzo 2012

Cuentos

El pobre escritor (Por:El conocimiento es un amigo mortal)


Por fin la habitación se había convertido en un lugar confortable. Sirviéndose de garrapatas y piojos había fijado las cortinas, hechas de tela de araña, en las ventanas. Aquí y allá había montoncitos de papeles con excrementos de ratones, polvo y cenizas de pipar. Sobre la mesa había una vela que proyectaba una luz dura y brillante que trazaba su sombra en las paredes descarilladas. El escritor seguía trabajando en sus obras durante el día y la noche. No le importaba mucho descansar, pues para él la vida consistía en escribir y tenía entre manos muchas más historias que las que podía redactar o terminar.
Sentado ante la mesa coja de una pata, su mano se movía, como una sierpe, de un lado para otro y su pluma se afanaba más en volar que en trazar palabras; miraba al techo para encontrar palabras perdidas entre goteras, desconchones y una maraña de mosquitos. No, no era como esos escritores de hoy acostumbrados a decir nada. Cuando encontraba la palabra justa era la palabra justa la que lo había encontrado. Dos cucarachas sujetaban los pliegues azules del cuaderno y el cajón vacío temblaba una vez, dos veces, varias veces, imitando dulcemente el eco de las palabras halladas. Qué prodigiosa imaginación la del escritor pobre: le interesaba toda la Humanidad y todas sus ilusiones insostenibles. Todas las maravillas, cándidamente, fueron pasando por la habitación de improviso, como pasan los pájaros camino de otras tierras, sin detenerse allí. Oh, triste la vida del escritor, grande y rico cuando la bBelleza queda lejos, pequeño y pobre cuando la tiene encima: -Debe ser un escritor muy pobre - dijeron de él con vejatoria solemnidad - Ha puesto un alto precio a la Belleza.

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La  Belleza no se alcanza cuando se busca la belleza, sino cuando se busca la perfección


Colaboración del blog







  






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